a la portada de El Varapalo

Diario de La Habana 30 Octubre, 2007 01:00
-Hola, ¿me da cuatro “Cristal”?
El tendero abre la nevera, saca las cuatro latas de cerveza y las pone sobre el mostrador. Agarra mi billete de cinco pesos y me devuelve el cambio, una moneda de cincuenta céntimos, casi tan grande como la de un peso, que es la que debe darme.
-Oye, pero dame un peso, ¿no?
Hace como que se fija en la moneda, vuelve a abrir la caja registradora y me la cambia por la correcta. Por su cara parece que acaba de descubrir que hay dos monedas diferentes y que una tiene el doble del valor que la otra. Guardo la nueva y todo me parece normal. (Más)

Diario de La Habana 21 Octubre, 2007 17:22

Son las 10 y pico de la mañana del domingo, la hora del partidito, y pongo la tele. En estos momentos, en directo por la televisión cubana, Hugo Chávez rinde homenaje a la figura del Ché Guevara en el mausoleo de la ciudad de Santa Clara. Bajo un sol de justicia y acompañado de “Ramirito”, un general del ejército cubano, impone la corona de flores al pie de la estatua. A la vez, habla de Bolívar y del imperialismo y se sorbe la nariz porque tiene una buena gripe, como la que me agarró a mí esta semana. El diálogo con Ramirito, cuando se produce, es coloquial, aunque lo normal es que se extienda en largos monólogos de una épica moral, militar y nacional cuyo ejemplo supremo descansa en la memoria del Ché, faro de la revolución bolivariana que va palante.

 (Más)

Diario de La Habana 16 Octubre, 2007 16:12

Me acaban de dar calabazas. Para el que lo lee debe de ser gracioso, pero a mi no me hace ni la más mínima gracia, y no por la derrota en sí, sino, como dicen los cronistas deportivos, por cómo se ha producido.

 (Más)

Diario de La Habana 11 Octubre, 2007 16:48

Desde los comienzos de este diario, y de manera expresa, he intentado alejarme de los tópicos que caracterizan cualquier relato de La Habana. Aún no creo haberme extendido sobre los herrumbrosos Chevrolet del cincuenta, los camellos atestados de gente, la mugre que se extiende por las fachadas, o la vecina que grita por el patio interior para que la otra sepa que la llamó su madre desde Camagüey. No lo hago porque todas esas imágenes son falsas. Miento: todo eso ocurre, pero de una manera absolutamente alejada al modo exótico y paternalista con que uno lo mira desde afuera. La cotidianeidad no suele ser motivo de sorpresa ni de especial comentario.

 (Más)

Diario de La Habana 06 Octubre, 2007 00:38

La lavadora de mi casa no tiene aclarado. Se detiene después de un cuarto de hora en el que juega con la ropa y el jabón y a uno le toca hacer el resto. No fue una sorpresa. Ya me lo advirtió la señora el primer día de llegar aquí, pero yo no pude imaginar las consecuencias del aviso. Una vez que la fiesta de la espuma termina, hay que sacar la ropa, ponerla sobre una pila de lavar y comenzar a restregar y exprimir cada calzoncillo, camiseta o calcetín. La operación puede durar de una a dos horas, dependiendo de la cantidad de ropa y, sobre todo, de la cantidad de jabón que uno esté dispuesto a dejar sobre ella, porque todo no se va.

 (Más)

Diario de La Habana 05 Octubre, 2007 09:14

Si existe algún lugar en el mundo en el que aún siguen vigentes, y a un volumen considerable, las notas del piano de Richard Claiderman, ese es La Habana. Ya me ha pasado varias veces, la última esta mañana, en la librería de 25 y O. Fue cuando indagaba, al poco de llegar de la calle (todo sofocado y sudoroso), en los estantes más cercanos al único ventilador del local. Entonces comenzó la enervante melodía de tocador de señoras. Esas son las ocasiones en que me sale una vena cabrona, de niño pijo al que le gustaría gritar, y casi lo hace, que eso es una horterada, que a quién se le puede ocurrir, a estas alturas, plantar esa mierda de música. Richard Claiderman me saca de quicio.

 (Más)

Diario de La Habana 04 Octubre, 2007 19:26

Será un diario. Lo he decidido hace poco más de una hora en contra de mis prejuicios. Ya sé que los diarios están de moda, pero a mí me inquieta la necesaria suposición de que a alguien le interesen mis asuntos, algo que sólo puede deberse a la vanidad o al exhibicionismo. De todas formas, creo que ahora no me podría salir otra cosa que contar mi vida. Esto último, y la seguridad de no tener lectores, es lo que me anima a comenzar con él:

 (Más)