Llego al aeropuerto de Santo Domingo y tengo que recorrer pasillos y pasillos. Todo muy nuevo, todo muy globalización en plan Dubai, supongo. Nada de gente vendiendo cocos con una iguana al hombro o niños sucios y descalzos gritando eso del “mister, taxi”. Un tipo negro enorme vestido de arriba abajo con el traje de los White Socks de Chicago recibe a un gringo en perfecto inglés del Bronx. Desde el avión sólo se veían campos de béisbol.
 >Ver texto completo