a la portada de El Varapalo

26 Diciembre, 2008 20:37
 
 
Mi Inishfree particular no tiene colinas verdes, ni acantilados sobre el mar ni a una asilvestrada Maureen O´Hara esperándome. Mi Inishfree particular es el imperio de las supremas y sus empanadillas, de los porteros del Real Madrid y del cercanías.
Elementos tan resistentes a la épica se ofrecen, en justa lógica, para una tipología de lo mínimo, para un pequeño recuento de impresiones de mi vuelta a Inishfree:
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22 Diciembre, 2008 00:41

 

 

  - Bert, guapa, ni mires para allá.
  - ¿Para dónde?
  - Para allá, ya sabes, que es tarde y tengo que ir al banco.
Que no había nadie, que por qué no. Que porque no, porque tengo que ir al banco y no me apetece una tonelada de helado a las nueve y media de la mañana.
  - ¿A dónde van?
  - Debajo de la torre, que lo otro está muy lleno.
Que no, que debajo de la torre no, que es muy feo, que mejor en la terraza donde el helado está más bueno. Que qué más bueno ni qué gaitas, si todo es lo mismo. Que si, que está más bueno.
  - Para la terraza.
  - Para la terraza tienen que esperar la cola de allá atrás.
El uniformado señala entre los árboles del fondo, donde ahora aparecen las sombras de los antropoides en fila inabarcable.
  - Ah, vaya, no la habíamos visto. Entonces mejor debajo de la torre, donde hay menos hambre.
En pleno partido de tenis, la guardiana de nuestra fila mira con el ojo derecho  la barra (en espera de que se vacie) y con el izquierdo a los integrantes de nuestro turno. Como si manejara el elevador de una mina, después de que el último desayunante se marcha nos da paso.
Que queda de vainilla, de choco fresa, de avellana y de almendra. Que una ensalada de almendra y dos de choco fresa.
  - So glotona, ¿te vas a comer dos?
  - Si mijo. Para comerse una es mejor no venir.
Mientras a mi alrededor se acaban las reservas de hielo de Groenlandia, Bert, con lanza esquimal, apura sus dos ensaladas de choco fresa al doble de mi velocidad para las almendras mantecadas. Zaida patina sobre una superficie cristalina y después de su último doble mortal me mira directamente a los ojos. También habla de arte contemporáneo alemán y sus erres finales se convierten en eles que Bert no quiere ni oír. Se pone celosa.
  - ¿Dices algo, mijo?
  - Que me encanta tu amiga Zaida.
  - No es mi amiga. Y es tonta.
Colofón a nuestro festín polar. Entonces enfilamos por L, yo para el banco y Bert para las interminables escaleras.
  - ¿No vienes conmigo a la universidad?
  - No, que tengo tarea financiera. Y prisa.
Me mira y piensa en homicidio.
  - Adiós, insoportable.
  - Adiós, guapa.

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09 Diciembre, 2008 18:41
El día siguiente de Thanksgiving es “Black Friday”, el de las compras. En Nueva York la masa que se agolpaba frente a un Wall Mart aplastó al empleado que abría las puertas. La policía, entre las protestas de los cliendes, desalojó el supermercado para limpiar el cadáver. Habían esperado toda la noche afuera. Después de fregar la sangre volvieron a abrir. “Viernes negro”.
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