21 de noviembre. El frío viene de China
-¡El frío viene de China, el frío viene de China!
Coño, la niña esta es más inteligente de lo que yo creía. Con sólo seis años y ya suelta esas frases enigmáticas, surrealistas.
Pero no, no es que Daily, que se llama así porque era una marca de champú cubano, haya leído a Artaud o a Apollinaire o a Artaullinaire, sino que de verdad, el frío que ascendía por los ascensores, que había llegado en unos trailers, que antes surcaba los mares en alguno de esos cargueros que atraviesan el horizonte de camino a la bahía, ese frío, esos frigidaires, esas dichosas neveras vienen de China, como el oso panda.
Así que el barrio está revolucionado con la novedad. Por fin le toca a Cayo Hueso, a esta parte chiquita, a estas calles de Centro Habana que esperan la llegada del frío Chino para reemplazar al frío de antes, al frío ruso, soviético, que era puñetero, el frío ruso, unas neveras recias, de acero de tanque y con unas letras raras al frente que no había dios que supiera pronunciar. A ver si las chinas duran lo mismo que las rusas, diosmio, a ver si salen tan buenas… bueno, no, a ver si las podemos cambiar antes, diosmio, a ver si en un par de añitos llegan otras neveras con mejor pinta, que no parezcan de plastiquito como éstas y las podemos pagar de cantazo, con una buena tarjeta de esas de crédito que uno pasa por una rendijita y no hace falta llevar dinero ni nada.
Bueno, pues ahí andaban todas las familias en la calle, vigilando el proceso de desembarco del frío chino, estorbando a los operarios estatales encargados de cambiar cuarenta, cincuenta neveras en una mañana, mientras los asistentes sociales, de camiseta roja que decía “asistente social” pasaban casa por casa preguntando lo de siempre, supongo: el numero de miembros, la última vez en fumigar contra los focos de mosquitos, compañera, el número de tanques de agua, las personas que hay enfermas en la casa y, por último, la antigüedad del frío ruso. Todo ello gracias al compañero operario estatal ascensorista, que redoblaba sus esfuerzos digitales para llevar el frío a cada casa, a la vez que las familias subían y bajaban en medio de la excitación colectiva, colectivísima, de la fresca mañana, casi polar, gracias a la lejana y amiga China.
Ahí es cuando Daily, la nieta de mi landlady, comenzó con sus proclamas vanguardistas que me sacaron del sopor del sábado por la mañana. Aguanté un rato más en la casa sin saber si debía unirme a la fuerza familiar masculina compuesta por yerno, hermano y exmarido, o no. Y decidí que no, que no pintaba nada allí el muchacho este tan simpático, el español que está en mi casa, y que tampoco hacía falta armar tanta jarana por una maldita nevera, así que me fui a la calle para escapar de esta fiesta en la que todos estaban ebrios de hipotermia menos yo.
Cuando volví por allí, unas horas después, ya se habían ido los trailers. La resaca del fiestón friolero corría a cargo de los niños, que jugaban en la calle con la pila de cartones y de corcho blanco que quedó de las neveras y lo estaban poniendo todo perdido. Construían casas de cartón y jugaban a los doctores, pero otros llegaban y destruían las consultas y los de dentro salían y perseguían para pegar a los que les habían entrado a patadas a sus casas de cartón y querían mearse encima de ellas, pero todo era medio en broma. Otros hacían algo así como espadas con el corcho, o bates de béisbol, porque aquí cualquier cosa rectangular y medianamente dura puede ser un bate de béisbol y se arreaban duro mientras las niñas miraban y parecían tomar nota, sobre todo de los que habían chabao sus casitas.
En mi casa toda la comida seguía fuera del frío. Por lo visto a la nevera había que velarla, dejar que descansara en su nuevo hogar, que se aclimatara, como un perrillo, así que estuvimos ocho horas sin enchufarla porque los gases tenían que reposar y no se la podía conectar todavía. Pero no importaba, porque el ron en Cuba se toma straight, nada de on the rocks, así que no hacía falta hielo para que nos sacara de encima tanto frío chino a base de alcoholazo y ponernos ciegos en familia, que a mi me parece una castaña, pero que le hablen al hermano de mi landlady de castañas con la que llevaba después del dale que dale con el ron baratucho que corría por la sala.
Enseguida que cumplí con el primer vaso de ron calentón me metí en mi cuarto a leer, pero no podía por el yernísimo, que siempre anda inventando conmigo. El tipo es un catálogo andante de negocios por el lao y ha detectado en mí a un posible socio capitalista en sus actividades económicas diversificas pero complementarias. Yo le doy largas y le digo siempre que sí, que sí, y quizás él crea que sí, que mis sís son un sí, no sé, porque cada vez que me ve me llega con lo mismo, mira, Fransico, esa lató (portátil) que tu tiene está entera, pai, y yo conoco a una gente ahí en mi barrio que te daría unos bueno fula por ella. O, oye sosio, y tú que va hasé con tu móvil cuando te vaya de aquí? Si tu quiere yo tengo por allá una gente que te da sincuenta o sesenta fulas por ese Nokia, y aparte puede vender la línea y te saca otro bueno fula. Piensa en eso, asere, yo te lo digo porque cuando tú te vaya de aquí… ¿qué vas hasé con ese móvil? (se queda mirándome fijo, serio) ¡naaaaaaa! Tu no va a hasé ¡naaaaaaa! con ese movil, asere. Piénsalo y me dise.
Lo mejor del frío chino es que cuando abres la puerta tiene una luz que ilumina lo de dentro. Debe ser que los rusos no se levantan a media noche a picotear de sus neveras, o que hace tanto frío que prefieren quedarse en la cama. Quizás tampoco puedan sacar esa botella de Sprite rellena de la pócima mágica de Astérix, el jugo de guayaba con piña que hace mi landlady, y mangarle un vaso a esas horas en que está dormida.
3 Comentarios a "21 de noviembre. El frío viene de China"
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"Ebrios de hipotermia". Me asombras, Carrillo.
Qué rico tenerte de vuelta por aquí, Carrillo, se te echaba de menos. Esas voces de cubanos que te persiguen y te toman el pelo para haserte feliz son ya personajes indispensables de Zigzag. Carrillo, ¿para cuándo la visita a las altas instancias políticas?
Abrazo,
r.
Hola, amigo errante. Tu frió chino, le a recordado a mi alma y piel, ese olor a gente sudada en la calle, al tumulto de desconocidos familiares. En tierras lejanas, hoy amanecí extrañado el gentío desocupado, ocupándose en la vida a ajena, la pregunta abierta de amigos de hace 15 minutos, olor manteca en pleno mediodía, al roce malintencionado, la música privada de disfrute obligatorio colectivo, cuerpos bien formados y mal formados casi al desnudo para el deleite de quien quiere y de quien no. Hoy imagino cuan harto debes estar del ruido, el sudor y el chanchulleo, como no. Pero hay veces que la razón se disparata y no la podemos controlar y es cuando el alma y la piel comienzan extrañar y lo insoportable. Hoy bailare salsa, la que nunca baile y hasta una cerveza fría me daré, imaginare un gentío ruidoso has las afuera de mi ventana, en mi barrio civilizado, callado y tranquilo, sin música, sin sol, sin culípandeó, sin gente sudada y sin alma.