Leo los diarios de dos de esos sabios cotidianos, dos de esos tipos de mesa camilla y pluma fácil. Victor Klemperer fue un profesor universitario que vivió en Dresde el ascenso del nazismo y la II Guerra Mundial. Era judío. Sus memorias se titulan “Quiero dar testimonio hasta el final”. Josep Pla fue un catalán de Palafrugell. Su dietario, claro, “El cuaderno gris”. Me cuesta pensar en una escritura más extraordinaria que la de éste último. Pensamientos a contracorriente:
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Miami. Fairfield Inn. Habitación 138: Son las siete de la tarde y ya estoy duchado y metido en la cama. Sobre las piernas tengo el portátil y en la tele Louisville juega contra Notre Dame. No me gusta el baloncesto universitario. Durante las diez horas de vuelo vine acompañado por un camorrista. No puedo saber si pertenecía al clan de los Casalesi o de los Mondragone (aún carezco de ciertas sutilezas), pero después de leer Gomorra los detecto inmediatamente. A los pocos minutos de despegar éste me confesó que había comprado su billete en Fiumicino para Santo Domingo sólo una hora antes de que partiera el vuelo. Camorrista. Los mafiosos me rodean y se esconden tras las apariencias más comunes. Cualquiera puede serlo.
>Ver texto completoPrimeras impresiones de un breve retorno a Inishfree

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